Nueva entrega en esta serie de entrevistas estivales. En esta ocasión Pablo Avello se descuelga con un uncut tamaño XL vía blackberry desde el extranjero. Lean aquí las confesiones del primer presidente y socio nº1 del Belenos.
-Cuéntanos ¿Cómo empezaste en el rugby?, ¿Cuál fue tu trayectoria?
PABLO AVELLO. – yo comencé a jugar al rugby en la universidad, siempre me había atraído, eran los tiempos en que se veian los partidos del 5 Naciones en la 2, con los comentarios del Trecet y toda aquellas viejas tradiciones: los mineros galeses, la mítica tercera línea escocesa de entonces, la potente selección inglesa con los enormes policías de la delantera, con sus abogados, médicos y militares de la línea, el glamour del juego a la mano de los franceses, los terceros tiempos, los canticos en el estadio, el pasillo al final del partido en que los dos equipos se aplaudían,… Fue llegar a la universidad y al enterarme de que había equipo allí fui de cabeza pese a mis 67 kg de aquel entonces. Aquello era un pequeño desastre porque saber solo había 4 o 5 que supiesen jugar, el resto éramos neófitos, y en los equipos rivales pasaba algo parecido, pero lo pasábamos pipa en los terceros tiempos cantando, bailando con compañeros y rivales. Al ano siguiente tuve la suerte de que se reinicio la sección de rugby de la Atlética Avilesina y tuve continuidad. Eran tiempos muy modestos del rugby avilesino y ahí jugué hasta el último año de carrera que como estaba en Oviedo con mis hermanos jugué en el Oviedo. Tras terminar la carrera e irme a trabajar a Madrid jugué en el Olímpico de Madrid unos años. Es una de las ventajas del rugby, llegas a una ciudad nueva, no conoces a nadie pero te apuntas a un equipo de rugby y ya tienes una familia. Al regresar laboralmente a Asturias retorne a la Atlética. Recuerdo el impacto que me produjo ir a ver el primer partido, había gente nueva y parecía ya un equipo más serio solo viéndolos en el calentamiento. Era la mano de un nuevo entrenador, Alejandro Ribot. Al año siguiente ya subíamos a Primera Nacional. Y ahí he seguido hasta ahora, aunque con el paso de los años, el nacimiento de mis hijos y las obligaciones laborales y por supuesto la edad uno ya solo sirve para los partidos de veteranos y echar alguna mano en el B de vez en cuando.
- ¿Cómo fue la transición Atlética-Belenos y cómo fuiste elegido primer presidente?
P.A.- El salto de la Atlética al Belenos fue gracias a Alejandro Ribot. Él tenía claro mucho antes que el resto que nuestro lugar estaba en Primera y nos animo a crear nuestro propio club por la propia singularidad del rugby y la falta de apoyo de la Atlética a nuestra sección. Éramos muy jóvenes pero con mucha ilusión, y a mí me toco el honor de ser el primer presidente del Belenos solo por el hecho de que llegaba a los entrenos con traje y corbata, je, je. La transición fue fácil porque la Atlética no nos puso ningún inconveniente, la gran dificultad era encontrar primero dinero (fundamentalmente de los propios jugadores) pero sobretodo un lugar donde jugar y entrenar. Los tiempos de pasar frio en La Morgal sin afición o los distintos campos en los que entrenamos como en San Juan, Piedras Blancas o Pillarno lo hicieron un poco duro al principio. Cuando veo ahora lo bien que estamos en La Toba y el Muro de Zaro que sentimos de verdad como nuestro hogar, me da rabia no tener 15 o 20 años menos para poder disfrutarlo mas como jugador
- ¿Cómo recuerdas aquellos años jugando de medio melé?
P.A. – La verdad es que yo jugué en todos los puestos de la línea de tres cuartos, desde medio melé a zaguero, a lo largo de mi vida deportiva pero como siempre fui bastante flojo como jugador pero bastante mandón y con un buen pase, posiblemente medio melé sea el puesto donde menos molestase, je, je.
- ¿Qué supuso para ti aquella fractura de húmero en Burgos ante el Ferroplás?, cómo te tomaste las cosas a raíz de aquella lesión?
P.A. – si algo recuerdo de mi fractura del humero fue que me demostró una vez mas lo que hace tan especial al rugby. Tuve que quedarme un dia en el hospital de Burgos, y por allí pasaron algunos del equipo de Burgos, su capitán y también el que me lesiono en el placaje por ejemplo, y fueron extremadamente amables. El viaje de vuelta con el brazo roto en el que nos acompaño Jacobo, otro jugador del Belenos que se habia quedado un día más en Burgos aprovechando el viaje, con su novia y con quienes comimos fantásticamente en el trayecto de regreso. Y por último las numerosas visitas de miembros del equipo que recibí durante mi estancia en el Centro Médico hasta que me mandaron a casa y que me hicieron reír muchísimo, que es muy de agradecer cuando se está en una situación así. En resumen, un buen ejemplo de lo que es el rugby en todos sus aspectos: respeto, camaradería, lealtad,…tanto al compañero como al rival. Y no me afecto para nada, fue una casualidad negativa, y he seguido jugando desde entonces, y miedoso al contacto lo he sido siempre, así que cambio ninguno, je, je.
- ¿Quién es el entrenador que más te ha influido?
P.A. – Los entrenadores que mas me han influido por orden de aparición en mi vida, han sido primero Xabito Guerediaga, del Oviedo, porque me supuso un salto cualitativo en mi conocimiento y comprensión del rugby tremendo, porque en aquellos primeros tiempos de la Atlética nuestro rugby era muy primitivo y entrenar con el supuso saltar a otro nivel completamente desconocido con una intensidad y entendimiento del juego que parecían de otra galaxia y con unos entrenamientos muy divertidos, y después Alejandro Ribot, que cogió una Atlética prehistórica y conjunto un equipo de Primera, pero sobretodo porque aplico una “profesionalidad” a los entrenos y un sentido táctico y estratégico del juego increíble. Fue muy bonito formar parte de aquel equipo que partiendo de un nivel muy bajo fue creciendo hasta asentarse en Primera. Cuando miro atrás siempre me sorprende como Alejandro fue capaz de ir gestionando el traspaso de su conocimiento del juego hacia nosotros, el primer ano muy enfocado al ataque, el segundo a la defensa, el siguiente mas especifico de las obligaciones tácticas de cada puesto. No es fácil que sabiendo todo lo que quieres que haga tu equipo desde el primer día, asumas que no lo pueden aprender todo en un día y tener la paciencia y el plan para ir dosificando en proporciones asimilables ese conocimiento a todo el equipo. Por último destacaría también a David Méndez, aunque de el me es más difícil hablar porque somos de la misma edad, coincidimos primero en el Oviedo como jugadores los dos, y porque ha sido nuestro entrenador los últimos anos ascendiendo al equipo a División de Honor B y porque hemos jugado juntos muchas veces en plan viejas glorias. A el lo destaco por todo lo que ha puesto de su parte por este equipo y por su habilidad para gestionar el colectivo porque cogió un equipo ya maduro que no es fácil de motivar y ha sabido gestionar el día a día que a veces en pleno invierno con frio y lloviendo no es fácil, y porque siempre ha hecho entrenamientos muy dinámicos y entretenidos.
- Cuando el Belenos echó a andar cómo pensabas que iría la cosa?
P.A. – Respecto a cómo creía que iba a ser el Belenos cuando empezamos, éramos bastante modestos, solo queríamos hacer eso, un club de rugby con todas sus especificidades y nos asustaba bastante el reto, nos conformábamos con sobrevivir. Como ya dije era Ribot el que nos animaba a crearlo, y no se confundió en eso tampoco. Eran tiempos mucho peores que ahora, sin medios, sin saber de dónde íbamos a sacar el dinero, sin campo de entreno, sin campo de juego, sin nada, pero teníamos ilusión y mucha juventud. Ahora si eres un joven y quieres empezar a jugar el rugby es una gozada no como cuando yo empecé que era todo muy cutre.
- ¿Por dónde crees que pasa el futuro del club?
P.A. – Para mí el futuro solo puede pasar por la cantera. Hasta ahora hemos conseguido hacer un buen equipo, pero nos queda el reto de hacer club, y eso es mucho más difícil. Para lo primero es necesario conseguir un buen entrenador y unos pocos jugadores involucrados, para lo segundo hay que disponer de muchísimos más recursos, especialmente humanos para hacer captaciones de nuevos jugadores, para entrenar a las distintas categorías y para hacer un club de rugby que significa también atender toda la parte social de este deporte: fiestas, terceros tiempos, canciones, viajes al extranjero a ver y a jugar,… Y eso te lleva a muchas exigencias para atender a los jóvenes, para dar seguridad y buena imagen ante sus padres y esto es clave en un deporte tan poco conocido como el nuestro. Es un gran reto para la nueva directiva, pero también si tienen éxito es mucho mas motivador y satisfactorio que el hecho de subir a División de Honor B con todo lo difícil que ha sido eso. Quizás ahora que la generación original se va haciendo veterana es la oportunidad para que algunos de ellos se dediquen a entrenar a nuevos chicos, ojala, porque es una generación que tiene mucho que enseñar.
- Dirigiste a aquel equipo juvenil del Sanfer y lo hiciste campeón de Asturias, ¿Qué hiciste para implicar a los chavales?
P.A. – De hecho, yo lo tenía tan claro que entrene a los primeros juveniles del Belenos, y conseguimos sacar un grupito majete, creo que gracias a que intentamos crear ambiente de rugby, de intentar infundir valores del rugby, practicar con el ejemplo lo que siempre decimos los que amamos este deporte, de infundir respeto desde el primer dia hacia el rival y a los compañeros y a los árbitros (algo que les sorprende muchísimo por la influencia del futbol en este país), de que comprendan y disfruten lo que es un verdadero tercer tiempo, de que aprendan canciones de rugby, de que aprendan lo que es el compromiso y la lealtad a los compañeros, etc. La ventaja es que es un deporte en el que enseguida ves que es diferente, por todo lo que hay fuera del juego en si, pero también en el propio juego, porque de nada sirve ser el mas chulito o el mas bocas, porque es un deporte que coloca a cada uno en su sitio de forma natural, enseguida aprendes a valorar al compañero que en silencio placa más que nadie, que se parte la cara en una abierta para conseguir un balón para ti, … y también uno mismo se da cuenta que sus propios miedos y debilidades son evidentes. La dificultad estaba entonces en no tener campo donde entrenar y jugar en Avilés con lo que no tenían la posibilidad como ahora de ver a los mayores e ir aprendiendo el juego a base de ver partidos de mas nivel y organizados, e incluso participar con los mayores en algunos entrenos, porque lo más difícil en rugby es la transición de juvenil a senior, algunos se van fuera, otros comienzan a trabajar y les cuesta mucho esfuerzo compaginar ambas cosas, y sobretodo aparecen las novias que como es lógico también demandan su hueco, por eso se debe invertir mucho en involucrar a los chicos y que vean y valoren que un club de rugby es como una familia y quieran seguir formando parte de ella incluso con todas esas nuevas demandas que les van surgiendo.
- ¿Qué haces para mantenerte en forma a tus años y cómo han sido las últimas temporadas en las que participaste intermitentemente?
P.A. – Por desgracia entre compromisos laborales y familiares los últimos años he estado jugando solo de forma intermitente, pero yo me sigo sintiendo jugador de rugby (para desgracia de mi mujer que lleva diez años esperando a que me retire completamente y que ya está resignada a que esta droga del rugby le sigue a uno hasta la tumba) e intento mantenerme mínimamente en forma machacándome por mi cuenta y cada vez que puedo y el club me necesita aporto mi granito en el equipo B o donde sea. Seguro que este ano apareceré de nuevo en la pretemporada donde disfruto un montón, de hecho ya estoy machacándome en mis vacaciones para llegar en buen nivel para esas fechas, siempre me presta aparecer con mis tropecientos anos a la espalda y provocar a los más jóvenes con que el abuelo esta más en forma que ellos y que les debería dar vergüenza. Han sido anos en los que he disfrutado muchísimo viendo al equipo peleándose con las fases de ascenso y luchar con dignidad en DH B. De hecho me moría de envidia por no estar con ellos en el campo, porque es un equipo del que me siento muy orgulloso y del que yo me sigo sintiendo parte, aunque juegan a un nivel que es excesivo para mi, y estos años he disfrutado como un niño cada vez que he tenido la oportunidad de jugar con ellos algún partido porque es un honor y un orgullo compartir esa camiseta del Belenos con ellos.
- Cuéntanos alguna experiencia de tus viajes por Europa viendo rugby.
P.A. – Viajes por el extranjero. En mi opinión todo al que le guste el rugby y pueda, debería ir a ver partidos del 6 Naciones o Test Match en el extranjero para vivir de verdad la experiencia y conocer cómo se vive este deporte en los países con gran tradición rugbística. Yo he tenido la suerte de estar en todos los estadios del 6 Naciones salvo en País de Gales (cosa curiosa porque es mi equipo favorito) e Italia, y si se hace la experiencia completa, es decir, empezando ya a las 12 de la mañana y todo seguido hasta altas horas de la noche es fantástico. Eso si, hay que ser capaz de beber mucha cerveza, pero enseguida te sientes parte de un ambiente de amistad y respeto espectacular, por más que se sorprendan de que en España, también se juega al rugby!!. Lo suyo es ir con la camiseta de la selección a la que se apoye ese día o la de tu club, y hacer la ruta de los pubs que hay antes y después del partido. Yo recuerdo especialmente un partido Inglaterra – Francia en Twickenham increible. Era en tiempos del rugby amateur. Estaba con un amigo del extinto equipo de rugby de Minas de Oviedo y un amigo suyo ingles de Oxford que nos hacía de anfitrión. Recuerdo que salimos a las 8:00 en un tren de Oxford a Londres, y al poco ya estábamos tomando la primera cerveza en el vagón restaurante donde había ya también otros locos haciendo lo mismo, ahí ya comenzamos los primeros intercambios, de donde éramos, cual era nuestro equipo, quien era nuestro favorito para ese día,… Y por supuesto hubo varias rondas de invitaciones mutuas y de exaltación de los valores del rugby. No recuerdo muy bien todos los pubs a los que fuimos después pero si recuerdo uno que tenía un wallaby disecado de la altura de un hombre bajito vestido con la camiseta de los australianos y sentado en la barra. Lógicamente el dueño era un australiano muy simpático que bromeaba continuamente a costa de los ingleses. Llegamos al campo pronto y pude ver el increíble ambiente elitista que había en un reservado que existía en plan romería lleno de la alta clase inglesa con sus rolls royce, jaguar, morris y demás coches de lujo ingleses. Eran por supuesto las elites británicas educadas en Oxford y Cambridge que también habían practicado el rugby. Hay que recordar que por aquella fecha jugaba de apertura Rob Andrew que era de una de estas universidades. La verdad es que yo a la hora del kick off (15:00) ya estaba más que achispado y recuerdo ver entrar a la potentísima delantera inglesa que en aquella época tenía hasta 4 jugadores que rondaban o superaban los 2 m de altura, y después entraban los franceses del rugby champan mucho mas pequeñitos. Parecía imposible que pudieran hacerles frente. De hecho en la primera parte domino Inglaterra ampliamente, pero en la segunda parte hubo una remontada francesa espectacular con un juego a la mano fulgurante. Hay que verlo en vivo para comprenderlo, por un lado una delantera que físicamente se veía más potente a la vista de cualquier espectador y que lo demostraba en el campo, y por otro una línea de tres cuartos con una velocidad desbordante y con una ejecución espectacular, como si tuviesen una marcha más que sus rivales. El caso es que al final ganaron los franceses in extremis en casa de los ingleses, y lo que más me sorprendió fue que tras la increíble victoria los franceses dieron la vuelta de honor al estadio y a medida que iban pasando todo el estadio (lleno de ingleses lógicamente) se ponía en pie para aplaudirles. Recuerdo que me emociono por el increíble respeto que se transmitía hacia el rival, y mientras yo también me ponía en pie a su paso pensaba en lo inconcebible de una situación así si el Madrid ganase al Barca en su campo o viceversa. Tras el partido, lo que debía ser un funeral para los ingleses no lo fue en absoluto, la gente seguía bebiendo cerveza y comentando el partido amigablemente. Nos tomaban por franceses, y se sorprendían un montón al descubrir que éramos españoles, pero no había la mas mínima animadversión, todo lo contrario, aun pensando que éramos franceses nos daban la enhorabuena por la victoria y comentaban con nosotros el increíble partido de “nuestra línea”. De hecho alguna ronda de pintas nos cayó por invitación. Yo a esas alturas tenía que ir a vaciarlas en secreto al water porque ya no me cabía mas. En resumen, una experiencia impresionante que me convenció, aunque ya lo estaba, que este era mi deporte. Es difícil explicarlo, hay que vivirlo. Anécdotas así tengo más, pero no caben aquí.